Por: Jose Manuel García Bautista

Hay un lugar muy especial en Sevilla en el que, lejos del siempre evocador aroma del azahar, se esconde un imponente edificio que nos recuerda viejos tiempos, a veces imborrables en la memoria por su halo de maldad, allá dónde el dolor y las tragedias personales se fundían con la delincuencia y la cara menos amable de la ciudad, ese lugar es la antigua comisaría de la Gavidia.

Son muchos los sevillanos que recuerdan este vetusto edificio cuando aún funcionaba y se acudía al mismo a realizar mil gestiones como renovaciones del carnet de identidad pasaportes, denuncias… Todo lo relativo con la Ley y su cumplimiento está relacionado con el mismo e, incluso, agentes de esta comisaría participaron indirectamente en casos paranormales de Sevilla que, con posterioridad, serían notables en el panorama nacional.

Pero hoy es noticia por una serie de hechos que carecen de explicación y que se están produciendo en su interior, ruidos extraños, quejidos, llantos, gritos lastimeros e, incluso, hay testigos que han afirmado haber visto su interior una extraña sombre que deambula por diferentes zonas del mismo.

Experiencias imposibles
El edificio cerró sus puertas –oficialmente- en 2003 y desde entonces ha sido foco de no pocas polémicas. Pero lo interesante del edificio llega con los testimonios de aquellos que han accedido a su interior o han trabajado en el mismo. Es interesante pues narran sucesos que son calificados como inexplicables y que, de alguna forma, por lo acaecido, entran directamente en el terreno de lo paranormal.

Nuestro primer testimonio pertenece a J.M.L., entrado en años, tuvo la oportunidad de acudir a la vieja comisaría a realizar una inspección del lugar, su sorpresa sería mayúscula con una experiencia que iba a vivir, así nos lo narraba: “Fui a hacer una inspección de una zona del edificio, aquello estaba solo, era tras el cierre de la comisaría, a los meses, ya no había policía allí. Accedía a la planta donde me dirigía y fue cuando, por las escaleras, sentí como si alguien se quejara. Pensé que era en la calle, próximo a este sitio hay un colegio y unos grandes almacenes o una plaza con mucha gente, muy ruidosa. No le di más importancia. Estuve revisando los despachos, que aún tenían mobiliario y volví a sentí ese quejido. Me volví y asomé al pasillo no viendo nada extraño pero, de repente, note una bocanada de aire muy frío, se me pusieron los vellos de punta, y ante mí, a los pocos metros, pude ver perfectamente como un hombre pasaba con mal aspecto, desarrapado, con la camisa rota, desaliñado… Lo veía como te veo ahora mismo a ti y no pude menos que gritarle: “¡Oye!… ¿Necesitas ayuda?”. Aquel tipo no contestó y lo peor es que desapareció delante de mí igual que había aparecido”.

El testigo, cariacontecido, trató de reponerse de aquella impresión buscándole una posible explicación: “Pensé que podría ser alguien que por algún lado de había colado y que pasaba allí la noche, un “okupa” o un indigente, y que se habría hecho daño o algo pues el quejido indicaba que no se encontraba bien. Me dirigí a la parte donde lo vi y allí no había nada y mucho menos una puerta, ventana o agujero por el que pudiera haber podido escabullirse… Por mucho que traté de encontrarle una explicación no se la encontré y, a veces, es mejor no darle muchas vueltas máxime en un edificio como este”.

No es único caso que testimonia haber sufrido hechos extraños en su interior, así, A.G.P. y M.S.C., entraron en el interior de la comisaría “por echar un vistazo”. El acceso al interior estaba restringido y pocos eran los que podían tener acceso al mismo pero por razones laborales ambos estuvieron en la vieja comisaría. “Fue extraño, una cosa que jamás me había pasado. Era por la tarde, no deberíamos ni de estar allí pero ya sabes que hay veces que acudes a trabajar fuera de horario, ¡qué remedio! La cosa es que estaba con un compañero y sentimos pasos. Era raro pues sabíamos que sólo nosotros estábamos allí pero siempre piensas que se ha podido colar alguien y más en un edifico tan grande. Miramos en la sala pero no había nadie, era imposible vaya. Entonces volvimos a sentir pisada y fue cuando vimos a un chico joven, de unos 22 o 23 años, que parecía ir camino del sótano. Le gritamos que allí no podía estar pero siguió su camino como si tal cosa. Le seguimos, sentimos hasta más pisadas pero cuando llegamos a la zona donde debería estar lo único que encontramos fue una puerta cerrada a la que, desde luego, era imposible que hubiera accedido o abierto y por detrás estábamos nosotros con lo que era imposible que se hubiera ido sin que lo hubiéramos visto. Mi compañero entonces me dijo algo que nunca olvidaré: “Mira que este sitio tiene mal bajío, que aquí se escuchan cosas raras y que dicen que hay espíritus”. Y no sé la razón pero a mí se me cortó el cuerpo…”.

Nuestros dos testigos decidieron abandonar la vieja comisaría pero, antes de salir, volvieron a vivir algo extraño: “Nos íbamos ya pero al encarar la puerta que da a la calle sentimos claramente tras nosotros una voz joven, de hombre, que decía: “¡No os vayáis!”. Ambos nos volvimos y gritamos: “¡¿Quién hay ahí!?”. Nadie contestó, volvimos a preguntar pero no hubo respuesta. Fue cuando mi compañero dijo que estaba ya atardeciendo y que era mejor marcharse de la comisaría por si acaso y eso fue lo que hicimos”. Puede que todo sea producto de la sugestión y los relatos que pesan sobre el lugar pero la experiencia vivida no se puede negar a los testigos desconociéndose que pudo provocarla.

Una sombra por los calabozos
Una de las zonas que peores sensaciones da de esta comisaría es la de los calabozos, lugar frío –por lo que implica- donde también se ha podido describir lo que es llamado como “una sombra”. La zona de los calabozos, además, tiene una terrible historia, una historia que nos habla de torturas… Eran otros tiempos pero el acto contra el ser humano es igualmente deleznable.

En la zona de calabozos los testigos narran el haber podido escuchar, perfectamente y sin lugar a confusiones, lo que son “llantos y voces, susurros que vienen del interior de la galería de celdas y que, en muchos casos, es como si alguien estuviera allí pidiendo ayuda, llorando o quejándose de su destino”.

Pero también –quizás producto de la sugestión- se ha podido ver una sombra que se dirige a una de las celdas: “Cuando llevas una linterna o la antorcha de la cámara y, delante de tuya no llevas a nadie, pero ves cómo hay una sobra que se proyecta al interponerse con la fuente de luz te preguntas: “¿De dónde demonios sale eso?”, pues físicamente nadie llevas delante pero la sombra la has podido ver perfectamente”, comentaba otro de los testigos que ha accedido al lugar.

Los vecinos de las calles aledañas – cómo San Juan de Ávila- también comentan hechos que les resultan especialmente extraños tales como luces en las ventanas o una “sombra” que se pasea como si estuviera dentro del edificio. “Es difícil explicar sobre todo cuando saber que allí hace ya más de una década que no hay actividad policial pero, sin embargo, hay noches en las que ves luz en determinadas ventanas, una luz tenue que, desde luego, no es el reflejo de nada desde fuera. Ves esa luz que además va cambiando de ventana o la ves de lejos y piensas que igual es la propia Policía que ha acudido a algo al edificio o que hay un vigilante de seguridad haciendo una ronda, pero luego te enteras que ni lo uno ni lo otro… O cuando vez una silueta y dices “ahí hay alguien” pero tampoco y, lo peor, es que desaparece delante de ti… No quieres creer en fantasmas pero hay ocasiones que invita a ello”.

La comisaría de la Gavidia
En el lugar que ahora está la comisaría de la Gavidia antaño podíamos encontrar –según plano de Pablo Olavide fechado en 1771- un entorno muy diferente pues la cercana Plaza del Duque estaba acompañada por una iglesia gótica: la iglesia de San Miguel. Fue construida en el siglo XIV y demolida por La Gloriosa en 1868; en este entorno también encontramos un colegio jesuita, el de San Hermenegildo. Con posterioridad el colegio pasaría a ser un cuartel que se derribó en 1957 del que se mantuvo el templo oval con catalogación de Monumento Nacional. En la zona también destacan los palacios de los Sanchez-Dalp, Palomares o de Cavalieri que se demolieron siendo alcalde de Sevilla el Marqués del Contadero. La Plaza del 18 de Julio constaba de tres bloques y en uno de sus lados se edificaría la Comisaría de Policía, en 1966, siendo obra de los arquitectos Monserrat y López de Asiaín.

Pero la comisaría, la Jefatura Superior de Policía Nacional y de la Capitanía General, es hoy Lugar de Memoria Democrática, consideración otorgada por la Junta de Andalucía en el año 2017 y es propiedad del Ayuntamiento de la ciudad.

Hechos horribles

La comisaría de la Gavidia guarda un secreto que bien pudiera justificar los extraños sucesos que –a decir de los testigos- se producen en su interior. Así es conocido que en una zona concreta de la misma, el centro de detención, las personas eran torturadas. Era la década de los 60 del pasado siglo XX y en este país las libertades no eran respetadas, así las personas relatan cómo dentro de las mismas se pegaba a los detenidos hasta límites insospechados. La Sevilla de la época estaba “gobernada” por José Utrera Molina, exministro de Franco y Gobernador Civil de Sevilla, y sobre él recaen muchas de las responsabilidades de aquellos años.

María del Carmen Vázquez era una empleada del sector textil que, en aquellos años, desarrollaba una sindical “molesta” para autoridades y empresarios. Ella refiere cómo fue detenida por dos policías y llevaba a un sótano donde es introducida en una celda, una celda “fría y oscura”. El mismo sitio donde hoy se escuchan esos quejidos lastimeros, esos quejidos de otros tiempos.

Otra trabajadora, del sector de la sanidad, Fátima Carrillo, vivió algo muy similar y así lo narra en el documental ‘Comisaría de la Gavidia. Lugar de Memoria Democrática’, de Comisiones Obreras (CCOO) y realizado por Intermedia Producciones en colaboración con la Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de Andalucía así como el Ayuntamiento de Sevilla “una cosa como lo que contaban de los nazis: tuve la sensación de que podía desaparecer”, sobre los calabozos y la tortura psicológica a las que se sometía con sólo ver el lugar; ella fue detenida por su relación con la propaganda política de la época.

El sindicalista Eduardo Saborido, en 2006, decía de la Gavidia: “Es un pasillo sin salida con tres calabozos pequeños que se conservan. Una piedra para dormir. Silencio sepulcral. Totalmente aislado en esta celda bastante sucia generalmente”.

Kechu Aramburu era una estudiante con militancia política, fue detenida y conducida a la Gavidia, allí “se quiebra una parte de nuestra vida” y se hace “realidad y tangible la lucha por la libertad., añadiendo que en la vieja comisaría “todo era posible, te podías quedar allí, maltratos, tortura…”.

Francisco Rodríguez, en el mismo documental, narra otra dura experiencia: “Mi madre le dijo a Beltrán (el agente de la Brigada Político Social Francisco Beltrán): ‘Mire, le voy a decir una cosa. Me sacaron dos hermanos de mi casa y no volvieron. A mi marido le sacaron a su padre y tampoco volvió. Éste tiene que volver porque yo me he quedado con su cara’. La pobre… Y le dijo: ‘Señora, por favor, eso eran otros tiempos’. Serían otros tiempos, pero a punto estuve de no volver tampoco”, fue detenido por propaganda política.

Paco Sánchez Legrán era trabajador de Hispano Aviación, en Triana, fue detenido tras las pintadas en fábrica de textil de Hytasa en 1969, recordando: “La BPS me pilló y fui directo a los calabozos. Nunca supe si era de día ni de noche pero nunca lograron que tuviera miedo hasta que me vi la cara destrozada por los puñetazos y las patadas en el estómago”. Del comisario Beltrán no guarda buen recuerdo: “Era un torturador psicológico que venía cuando terminaban de pegarme los de la rueda. Otros agentes te pisaban, te tiraban al suelo, te volvían a levantar. Eso ocurría en la tercera o cuarta planta y en el sótano estaban los calabozos”.

A modo de conclusión
La negra Historia del lugar, la cruel Historia de la Gavidia, su pasado más remoto, su relación con hechos totalmente censurables permitidos o mandados realizar por las autoridades de la época hace que la Jefatura Superior de la Policía Nacional sea un lugar marcado, un lugar marcado por lo desconocido.

Tal vez todos estos fenómenos inexplicables, o paranormales, no sean más que el resultado de toda esa energía, sufrimientos, dolor, represión y deshumanización contenidos en ese contenedor de emociones que es hoy el edificio de la vieja comisaría de la Gavidia…¿Quién sabe?

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