Por: Jose Manuel García Bautista

El Lusitania fue construido en los astilleros John Brown, Clide de Escocia. Se botó el 7 de Junio de 1906, concluyendo el alistamiento el 7 de septiembre de 1907. En su primer viaje batió el record de la travesía y en el año 1908 alcanzó un promedio de 26,3 nudos durante 24 horas.

Las características de barco eran impresionantes: desplazaba 31.550 toneladas de arqueo bruto; la eslora era de 241 m; manga 26,8 m y un calado de 11 metros. En el momento de su botadura era junto con su gemelo el Mauretania el barco más grande del mundo. Su planta motriz estaba compuesta por cuatro turbinas, que eran alimentadas por 25 calderas con un total de 129 hogares. El consumo diario de carbón era de 1.000 tn. a una velocidad de 25 nudos. El 13 de Septiembre 1907 (Viernes), durante su segundo viaje, el Lusitania conquistó el gallardete Azul (o cinta azul) del Atlántico. La velocidad no era sólo el único orgullo del Lusitania. Las instalaciones y la decoración, en los estilos más diversos, era impresionante. Los comedores, las salas de estar, bibliotecas y camarotes eran de un lujo no conocido hasta entonces en un buque.

La calidad del servicio era excelente, al menos para los pasajeros de primera clase, que pagaban 200 libras esterlinas para tal privilegio (un camarote de tercera costaba solo 20 libras). El buque podía transportar 563 pasajeros de primera clase, 464 en segunda y 1.138 en tercera. Tenía una tripulación de 802 hombres. La seguridad también había sido bien cuidada, el buque tenía 15 mamparos transversales que dividían el espacio interno en 175 compartimentos estancos. El Lusitania, junto con su gemelo, empezó a operar como trasatlántico correo, efectuando un servicio semanal entre Liverpool y Nueva York hasta el verano de 1914, cuando el puerto de destino pasó a ser Halifax, Nueva Escocia.

Para la construcción del Lusitania el gobierno ingles aceptó conceder a la Cunard un préstamo de 2,6 millones de libras esterlinas para construir dos grande trasatlánticos de lujo el Mauretania y el Lusitania, a condición de que estos rápidos buques, siempre fueran de propiedad británica y estuvieran a disposición del país en caso de guerra, para servir como transporte de tropas. Este hecho representó en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, una doble consecuencia, que cabe considerar en cuanto a la materialidad de la perdida que tan gran unidad representaba y por otra parte en lo que a la motivación de la participación de los EE.UU. en la conflagración se refiere.

El último viaje del transatlántico Lusitania lo lleva desde New York a Liverpool en una arriesgada zona en travesía por el Atlántico Norte, el temido por sus frías y peligrosas aguas Atlántico Norte, temido y muy respetado por todos los marinos y con el siempre recuerdo de la tragedia del Titanic. El último viaje del Lusitania comenzó el 1 de Mayo de 1915. En plena guerra europea los alemanes advertían del peligro de embarcar en buques con bandera o pabellón de una de las naciones enemigas a la gran Alemania bajo amenaza de ser hundido por uno de los también temidos U-boats germanos. Atribuían a ello que navegaban en aguas internacionales con bandera enemiga y si se tenía constancia de que se trataban de transportes bélicos se estaría en disposición de atacar y hundir a estos buques. Se prevenía a todos los pasajeros o posibles pasajeros de no embarcar en estos navíos en riesgo de hundimiento.

EE.UU. seguía al margen de la guerra europea y el ambiente en Washington se cargaba cada vez más al anunciarse en los periódicos americanos: “A los viajeros que proyecten embarcarse en una travesía por el Atlántico, se les recuerda que existe estado de guerra entre Alemania y Gran Bretaña, y que los barcos de bandera británica pueden ser destruidos. Los pasajeros que viajen por la zona de guerra en barcos de Gran Bretaña o de sus países aliados, lo harán bajo su propia responsabilidad”. Pese a ello 188 ciudadanos con pasaporte norteamericano embarcaron a bordo del rápido Lusitania… 188 norteamericanos y una partida de 4000 cajas de municiones y material de guerra destinado a Gran Bretaña que no constaban de la declaración de carga del navío…

Sobre la suerte que correrían los pasajeros del transatlántico se preguntaban a uno y otro lado del Atlántico, el primer Lord del almirantazgo, Winston Churchill, junto con el jefe de la marina lord Fisher y varios asesores de inteligencia naval preparaban un informe a priori sobre un posible hundimiento de un gran transatlántico por parte de una potencia enemiga. Parecía como si todos esperaran alguna tragedia…¿Crónica de una muerte anunciada? El embajador de Estados Unidos en Londres se preguntaba: ”¿Qué hará el tío Sam si un transaltántico lleno de norteamericanos fuera volado en pedazos” y el propio rey Jorge V en audiencia con el coronel Edward House –enviado del presidente americano Woodsow Wilson- se pregunto premonitoriamente: ”¿Qué haría América si los Alemanes hundieran el Lusitania?

El 7 de Mayo de 1915 el Lusitania o Lucy (como también se le llamaba) se aproximaba a la costa irlandesa, el capitán –William Turner- recibió un mensaje firmado por el vicealmirante Sir Henry Coke –desde Queenstown, Cork- que decía: “Submarinos en actividad a la altura de la costa meridional de Irlanda”.

*Fragmento Las lágrimas del Tiempo de Jose Manuel García Bautista, Absalon 2009.

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