Por: Jose Manuel García Bautista

El número de magos que acudió a Belén a adorar al Niño Jesús siempre fue un misterio, su número ha variado con el tiempo y fruto de ello, de todo es misterio que se desprende, surge la figura del cuarto mago: Artabán.

Los Reyes Magos no habrían sido tres sino cuatro y se citaron en el zigurat de Borsippa para ser guiados por la Estrella de Belén al punto donde debía nacer Jesús. Artabán, como sus otros compañeros, también llevaba ricos presentes, eran un diamante protector de la isla de Méroe, un pedazo de jaspe de Chipre, y un fulgurante rubí de las Sirtes como triple ofrenda al Niño Dios.

En el camino se encontró con un anciano moribundo y asaltado por unos bandidos. Artabán se apiadó de él, curó sus heridas y le ofreció el diamante para que sobrellevada las perdidas. Al llegar al punto de encuentro en Borsippa Melchor, Gaspar y Baltasar ya se habían ido.

Siguió sólo su camino tratando de encontrarse con los otros Reyes Magos, pero no halló a ninguno y tampoco al Niño Jesús, había llegado tarde, por el contrario, con espanto y terror comprobó cómo los soldados del rey Herodes estaban degollando a recién nacidos. En un momento dado uno de ellos blandía su afilada espada contra un tierno bebé y Artabán le ofreció un rubí para comprar la vida del niño. Ese acto hizo que lo apresaran y encerraran en Jerusalén.

Tras 30 años de prisión salió de su cautiverio y escuchó hablar de los prodigios del Mesías, el rey de los judía, el Rey de Reyes que debía adorar hacía más de tres décadas. Logró saber dónde estaba pero era tarde también, iba camino del monte Gólgota donde iba a ser crucificado. En el camino al monte Artabán paso junto a un mercado donde una hija es subastada para liquidar las deudas su padre. Nuevamente se apiada de ella y compra su libertad con el último regalo que llevaba para el Niño Jesús: un trozo de Jaspe.

Cuando Artabán llega al Gólgota Jesucristo agoniza en la Cruz, Artabán llora desconsoladamente pidiendo perdón por no haber podido cumplir su misión y una voz resuena en su cabeza: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Artabán pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, y la voz le responde: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”.

Artabán murió allí mismo acompañando a Cristo al Cielo, había cumplido con su Destino.

Hermoso cuento que no es un hecho real sino un personaje de ficción del cuento navideño ‘The Other Wise Man’ (El otro rey mago), obra del teólogo presbiteriano estadounidense Henry van Dyke en 1896 por Henry van Dyke. Artabán recibiría su nombre del persa así como también se repite en la Historia de la mano de un hermano de Darío I y un general de Jerjes.

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