Por: Jose Manuel García Bautista

Reconozco que siento particular “devoción” por uno de los más grandes arquitectos de Sevilla: Aníbal González. Me rindo ante su saber, antes su pasión arquitectónica y todo lo que nos quiso decir más allá de la arquitectura pues, como yo lo defino: es nuestro particular Gaudí.

El arquitecto sevillano Aníbal González es el autor de obras insignes en la ciudad tales como la emblemática Plaza de España, el Museo de Arqueología, la Casa de las Concha, la Casa de los Montoto y otras muchas edificaciones donde ese evocador costumbrismo derrochaba sevillanía y andalucismo por los cuatro costados, y escribo a la luz del conocimiento y del corazón.

Mucho podría escribir sobre Aníbal González -más aún lo que me guardo, que eso es un secreto- pero hoy quiero acercarles a conocer un detalle que incluso aquellos que rindieron homenaje al arquitecto quisieron tributar…

El monumento a Aníbal González tiene dos metros de altura y está ubicada en el Parque de María Luisa, el mismo que contiene su obra cumbre, “la obra entre las obras” como me gusta llamarla: LA PLAZA DE ESPAÑA. La Plaza de España debió haber sido redonda, es decir, doble, lo que vemos ahora más una general que conformarían un círculo, con todo lo que ello significa  y representa… Pues bien, en su escultura podemos encontrar algo que es un pequeño guiño y un pequeño y simbólico gesto, un secreto. Así sus autores, Manuel Nieto, Guillermo Plaza y Manuel Osuna, tuvieron unas circunstancias personales que los unieron aún más… De esa forma quisieron esconder algo: “En un principio, pensamos en ponerle una especie de pin en la solapa de la chaqueta y a partir de ahí decidimos ponerle algo escondido para que la gente lo buscara. Finalmente, decidimos hacer un pequeño homenaje a nuestros hijos, porque en el transcurso de la realización de la escultura, los tres fuimos padres. Así que le pusimos tres manos, una por cada uno de nuestros hijos” matiza Guillermo Plaza.Sólo el fundidor sabía ese mensaje nacido del corazón que, sin dudas, Aníbal González, habría aprobado.

Desde el Ayuntamiento de Sevilla lo tomando bien: “La verdad es que después de inaugurarse le contamos a los responsables del Ayuntamiento lo que habíamos hecho y les hizo mucha gracia. No obstante, las manos están tan escondidas, que se no altera el diseño o imagen de la escultura” indica Manuel Nieto.

De esa forma, hasta más allá de la muerte la curiosidad, el simbolismo, está presente en la figura de Aníbal González constituyendo su estatua lo que se denomina “un huevo de Pascua” pues contiene un secreto que hay que buscar. Aunque su figura esconde muchos más secretos.

Un secreto más… Los nombres de esas manos: Guillermo, Irene y Alejandra. AL fin y al cabo Aníbal perseguía el Conocimiento a través de la Arquitectura y, puede, que lo consiguiera…

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