Por: José Manuel García Bautista

Atlántida, ese es el nombre evocador, casi embriagador, de viejas leyendas, de sueños de fabulosos tesoros, de edificios de mármol y marfil, de plantas exóticas, de ejemplo urbano… Atlántida es el sueño mitológico que se quebró en las brumas de la realidad.

Fue Platón el primero que la nombre en sus famosos diálogos “Critias” y “Timeo”. Es Platón el que dota a la historia por su veracidad abogando por su realidad. El mismo filósofo griego la toma, o copia, de Solón, quién a su vez la toma de los textos de los sacerdotes del Templo de Sais en Egipto.

En el diálogo “Critias”, discípulo de Sócrates se dice: “cuenta una historia que de niño escuchó de su abuelo y que este, a su vez, supo de Solón, el venerado legislador ateniense, a quien se la habían contado sacerdotes egipcios en Sais, ciudad del delta del Nilo. La historia, que Critias narra cómo verdadera, se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón, para narrar cómo los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada frente a las Columnas de Heracles y que, al poco tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de un terremoto y de una gran inundación”.

En el “Timeo”: “Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal; cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios; refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo; la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia. Relato que se interrumpe abruptamente, quedando inconclusa la historia”.

Según el relato de Platón la Atlántida estaría ubicada pasando el Estrecho de Gibraltar, frente a las Columnas de Hércules y tendría una extensión de terreno (para una isla) que equivaldría aproximadamente a Libia y Asia juntas. De geografía accidentada tendría una gran llanura en forma oblonga de 3000 por 2000 estadios que era abrazada por una cadena de montañas hasta el mar. Además el relato narra, y describe, una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, allí habría nacido Evenor, nacido del suelo, uno de los primeros habitantes de la isla.

En “Critias” además se cuenta como: “Evenor tuvo una hija llamada Clito. Cuenta este escrito que Poseidón era el amo y señor de las tierras atlantes, puesto que, cuando los dioses se habían repartido el mundo, la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. He aquí la razón de su gran influencia en esta isla. Este dios se enamoró de Clito y para protegerla, o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada.6 La pareja tuvo diez hijos, para los cuales el dios dividió la isla en respectivos diez reinos. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el océano que la circundaba, Atlántico. Su hermano gemelo se llamaba Gadiro (Gadeiron o Gadeirus y Eumelo en griego) y gobernaba el extremo de la isla que se extiende desde las Columnas de Heracles hasta la región que, posiblemente por derivación de su nombre, se denominaba Gadírica, Gadeirikês o Gadeira en tiempos de Platón.

Favorecida por Poseidón, la tierra insular de Atlántida era abundante en recursos. Había toda clase de minerales, destacando el oricalco, traducible como cobre de montaña, más valioso que el oro para los atlantes y con usos religiosos (actualmente se piensa que debía ser una aleación natural del cobre); grandes bosques que proporcionaban ilimitada madera; numerosos animales, domésticos y salvajes, especialmente elefantes; copiosos y variados alimentos provenientes de la tierra. Tal prosperidad dio a los atlantes el impulso para construir grandes obras. Edificaron, sobre la montaña rodeada de círculos de agua, una espléndida acrópolis plena de notables edificios, entre los que destacaban el Palacio Real y el templo de Poseidón. Construyeron un gran canal, de 50 estadios de longitud, para comunicar la costa con el anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo exterior con la ciudadela. Cada viaje hacia la ciudad era vigilado desde puertas y torres, y cada anillo estaba rodeado por un muro. Los muros estaban hechos de roca roja, blanca y negra sacada de los fosos, y recubiertos de latón, estaño y oricalco. Finalmente, cavaron, alrededor de la llanura oblonga, una gigantesca fosa a partir de la cual crearon una red de canales rectos, que irrigaron todo el territorio de la planicie”.

El modelo que presenta Platón es visto en la actualidad como un modelo ideal de sociedad, con siete estratos básicos, a la vez que resultan imposibles determinadas descripciones que sobre la Atlántida dio y que la hacen casi una isla quimérica.

Según el relato de Platón un terremoto arrasó la isla, posiblemente en forma de un tsunami con olas de casi 40 metros de altura… Y aquella civilización de eterno progreso y envidia social sucumbió en un abrir y cerrar de ojos…

Hoy día se trata de cifrar y verificar si ese cataclismo realmente existió y en algo parece que se ponen de acuerdo los científicos: hacía el año 11000 a.C. algo sucedió, un cataclismo que agitó nuestro líquido elemento, el mar, y que marcó el devenir de la Historia según nos cuentan los relatos épicos, las epopeyas y textos sagrados. Es una especie de nexo común entre todos ellos con la coincidencia en la fecha…11000 a.C. Según Platón y sus relatos fue la furia de Poseidón la que terminó con la Atlántida y los atlantes.

Del relato de Platón no se conserva demasiada información original pero son diversos los autores clásicos los que opinaron sobre el mismo, así Estrabón, en el siglo I a. C., comparte la opinión de Posidonio (135-51 a. C.) en el que el relato de Platón no era una ficción. Plinio el Viejo señala en su obra “Historia Natural” que: “de dar crédito a Platón, deberíamos asumir que el océano Atlántico se llevó en el pasado extensas tierras”. Plutarco, en el siglo II, arroja más luz a esta fabulosa historia y añade los nombres de los sacerdotes egipcios que habrían relatado a Solón la historia de la Atlántida, ellos eran: Sonkhis de Sais y Psenophis de Heliópolis.En el siglo V, comentando el Timeo, Proclo cita que Crantor (aprox. 340-290 a. C.), filósofo de la Academia platónica, realizó un viaje a Egipto y pudo ver las estelas en que se hallaba escrito el relato que escuchó Solón. Posteriormente fueron otros autores antiguos y bizantinos como Teopompo, Plinio, Diodoro Sículo, Claudio Eliano y Eustacio quienes entran en el “debate” de la Atlántida y su civilización perdida.

La historia de la Atlántida fue “repescada” y popularizada en el Renacimiento de la mano de los Humanistas como símbolo utópico. De esta forma autores como el mexicano Alfonso Reyes afirmaba que la mítica isla de la Atlántida estaría implicada en el afán del “Descubrimiento” de América. Francisco López de Gómara en su obra “Historia General de las Indias” del año 1552 decía que Cristóbal Colón podría haber navegado bajo la influencia de los relatos míticos de Atlántida creyendo que en la voz náhuatl atl (agua) hay un indicio que vincula a aztecas y atlantes. En muchos mapas y cartas marinas de los siglos XVI y XVII, se señalaban varias islas como las Azores, Canarias o las Antillas como restos del continente perdido. El filósofo inglés Francis Bacon publica en 1626 su obra “La Nueva Atlántida” y como Platón, tal vez, realiza un texto en el que desarrolla la utopía en pro de un mundo basado en los principios de la razón y el progreso científico y técnico. El cronista español José Pellicer de Ossau, en 1623, cree identificar la Atlántida en España, identificando a los atlantes con la misteriosa cultura y pueblo tartésico.

La Atlántida interior

¿Podría ser la Atlántida otra cosa que no fuera una isla en medio del océano Atlántico? Si nos regimos sólo por los relatos de Platón parece que es obvio ubicarla allí pero, sin embargo, ha habido otros puntos de localización como podría ser el centro del océano Pacífico, la Antártida e incluso una zona en tierra que también está cubierta de leyendas y mitos.

Se trata de la mítica tierra de Tartessos, aquella que estaba pasando las denominadas como columnas de Hércules, pasando el estrecho de Gibraltar siendo ambas columnas el Peñón de Gibraltar y el Monte Hacho en el continente africano. Sería aquel paso, el paso del estrecho el que en las viejas epopeyas, cuando se creía que la Tierra era plana donde se encontraría un tremendo barranco donde todo el que lo traspasaba caía para perderse por siempre jamás.

Sin embargo en los viejos relatos de la antigüedad se habla de una tierra rica en metales preciosos, en oro, plata, cobre y piedras preciosas, pieles, aceite… Esa tierra era Tartessos y las minas de Tarsis. Un reino perdido que habría entrado en decadencia tras la guerra sostenida con los fenicios que se establecieron en la zona. El grado social, cultural y urbanístico que tenían los tartesios era realmente elevado, su estructura social estaba regida por un rey y sumo sacerdote quedando para la leyenda los nombres de Argantonio o su hijo Gerión.

Una corriente de opinión cree que el mítico reino de Tartessos por su estructura podría ser la misma Atlántida, desapareció en un día, con el feroz ataque de los fenicios, en una guerra que ganaron finalmente los habitantes del glorioso reino ubicado en Andalucía y que lejos de contraatacar contra las mujeres, niños y ancianos fenicios se produjo un mestizaje que dio lugar a un nuevo reino en la zona. Igualmente se buscan los vestigios de esa Atlántida andaluza en la zona de las marismas del Guadalquivir, en las marismas de Hinojos, en Huelva, donde se habrían descubierto estructuras realizados por la mano del hombre; los mismos vestigios que han sido encontrados en otra zona como es Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz, donde en plena desembocadura del Guadalquivir también se habrían encontrado estructuras datada hace miles de años, allá por el 1.100 a.C., época donde también se ubica a pueblos como el tartésico o los turdetanos.

¿Podría haber sido Tartessos la Atlántida? Como reino perdido con riquezas y estructuras se adapta, igualmente se adapta a lo descrito por Platón: “un reino pasadas las columnas del Hércules” y Tartessos estaría ubicado en torno a la desembocadura del Guadalquivir, en el océano Atlántico. Encaja con el relato pero no en la forma que el filósofo griego lo describe: “una isla” con siete estructuras… ¿Tal vez se refería a la estructura político-social? Tal vez pero ello ha hecho que se desechara esta idea hasta que se descubrieron los restos arqueológicos del llamado “tesoro del Carambolo” en el Tiro de Pichón en Castilleja de la Cuesta, en Sevilla.

¿Estuvo la Atlántida en España?

La Atlántida es el mito por excelencia de tierras evocadoras de riquezas y misterios. Un continente isla desaparecido de la noche al día por la ira de los dioses y que fuera Platón el que popularizara a través de sus Diálogos.

Mucho se ha debatido sobre la existencia real o no de la Atlántida y cuál sería su ubicación más certera. Los acercamientos han sido diversos, desde aquellos que la ubican en el océano Atlántico -en un punto indeterminado- hasta la tesis de Rainer Kühne postulando por las marismas de Hinojos en Huelva o la más reciente en Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz, a raíz del hallazgo de unas enigmáticas construcciones en zona de bosque.

En una aproximación al mito de la Atlántida se la vuelve a ubicar en la desembocadura del Guadalquivir, quizás fusionándolo con la cultura tartésica asentada en la zona. La Atlántida estaría en el Golfo Tartésico, de cuya existencia hoy ya no queda vestigio alguno al desaparecer en el 3000 a.C. debido a la subida y bajada del nivel del mar que erosionaron la zona modificando el entorno y su orografía.

Manuel Cuevas, investigador sanluqueño, informó a la Junta de Andalucía del hallazgo, merced a unas pruebas fotográficas tomadas por satélite, de una ciudad enterrada en el pinar de La Algaida, en el Cerro del Trigo, en Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir, el mismo punto es donde el arqueólogo alemán Adolf Schulten situó la perdida ciudad de Tartessos, distante seis kilómetros de La Algaida, la otra orilla del río Guadalquivir. El pinar de La Algaida que tiene ocho kilómetros cuadrados y habría conservado esas construcciones al quedar enterrados los vestigios de la misma.

En una aproximación al mito de la Atlántida se la vuelve a ubicar en la desembocadura del Guadalquivir, quizás fusionándolo con la cultura tartésica asentada en la zona. La Atlántida estaría en el Golfo Tartésico, de cuya existencia hoy ya no queda vestigio alguno al desaparecer en el 3000 a.C. debido a la subida y bajada del nivel del mar que erosionaron la zona modificando el entorno y su orografía.

Así se tendría constancia de los comerciantes atlantes en zonas como Grecia o Egipto e, incluso, habiendo mantenido relaciones comerciales con los fenicios. Lazos con los tartesios o la cultura surgida en el oeste de Portugal, en El Algar.

Parece que la Atlántida podría ser ubicada finalmente en el frágil terreno donde el mito se convierte en realidad.

¿La Atlántida en Jaén?

No deja de llamar la atención que el canal National Geographic emitiera unas declaraciones en las que se “ubicaba” la mítica ciudad en Jáen: “La razón por la que no habéis oído hablar de este yacimiento es porque los constructores se han apoderado de él, y de esto pronto no quedará nada”.

Y es que Andalucía, y Jaén, ha visto pasar por sus tierras a culturas y civilizaciones… ¿Es descabellado pensar que la Atlántida estuvo en Jaén?

El profesor Faramiñán piensa que es posible que existiera una civilización avanzada y antigua en el tiempo que se localiza, hipotéticamente, a la Atlántida en la “Historia”. Así podría haber existido una suerte de ciudad con unas características análogas a la que narra Platón en sus escritos, igualmente que en virtud de los mismos se la podría ubicar en India o Japón.

En el diario Ideal de Jaén podemos leer al respecto: “Habría que retroceder un poco en el tiempo, y no miles de años, para entender en todo su esplendor la frase con la que comienzo esto. Porque, Atlántida al margen, la importancia y valor de los restos arqueológicos de Marroquíes Bajos se conoce desde hace años. No tienen más que bucear un poco en su navegador de internet favorito y verán muchísimas referencias. Y encontrarán advertencias de reputados arqueólogos en relación a lo que estábamos enterrando bajo, aproximadamente, lo que ahora es el Bulevar. Se sabía perfectamente lo que había, pero el ‘progreso’ y la expansión de la ciudad, junto a una enorme millonada, eran prioritarios. Todos miraron para otro lado, y ahora disimulan como pueden. Unos prohibiendo nuevas construcciones y otros diciendo que los restos se integrarán en la no menos mítica Ciudad de la Justicia.

Hemos enterrado en hormigón buena parte de la historia de esta ciudad milenaria, y nos queda ese cachito. A ver si a partir de ahí logramos revertir los errores, dejamos trabajar a los expertos y conseguimos poner en valor nuestra historia”.

Igualmente el director estadounidense James Cameron (“Titani” o “Avatar” entre otras películas de éxito dirigida por él) produjo el documental “El resurgir de la Atlántida” para National Geographic donde se profundiza en la existencia del mítico continente o ciudad en un recorrido desde las bellas islas de Santorini hasta Jaén pasando por Malta, o Gibraltar.

Debido a ello la Asociación de Empresas de Alojamientos de la Provincia de Jaén solicitó a la Junta de Andalucía otro emplazamiento para la construcción de la Ciudad de la Justicia en Jaén para no destruir el yacimiento arqueológico de Marroquíes Bajos, donde el documental de National Geographic ubica la Atlántida: “No es nada nuevo, porque nuestra asociación y otras muchas ya lo dijimos hace más de una década, pero ahora con la expectación y el aval de National Geographic, es inexcusable que la administración autonómica debe poner en valor la parcela de la futura Ciudad de la Justicia”, explicaba Juan Manuel Camacho, miembro de la junta directiva de la asociación, y matizaba: “independientemente de ser cierto o no, es un filón, como lo es el balcón de Romeo y Julieta, en Verona. Pero además, el gran valor arqueológico de la zona es motivo de por sí para que desde mañana mismo se pongan manos a la obra con una excavación ambiciosa y con una gran dotación presupuestaria que no lo prolongue en el tiempo”. Quién sabe si para dar con una vieja y legendaria ciudad llamada Atlántida.

Otros emplazamientos

Otro posible punto donde ubicar la Atlántida sería en pleno lago Titicaca, en Bolivia; en este caso no hablaríamos de una isla –aunque el lago tiene varias- sino de algo más. Es una vieja polémica en la que se sumergen los partidarios de esta opción y sus detractores. El mito de la Atlántida tendría su analogía con este lugar en plenas alturas andinas, así no deja de sorprender que el lago Titicaca sea un punto elevado a muchos miles de metros de altitud y que en lugar de tener agua dulce, que sería lo propio, es agua salada. Ello indica que en algún momento se su pasado estuvo en contacto con el mar y que se elevó hasta quedar ubicado donde hoy se encuentra. Así sus partidarios indican que lo que realmente se hundió fue su capital Cerne pero no el resto que habría quedado integrado a masas de tierras cercanas. Cerne es ubicada en el lago Popoo, en el altiplano central de Bolivia.

Reforzando esta opción están las recientes imágenes vía satélite que han descubierto en la zona del lago construcciones rectangulares, nivelada y rodeada de lo que se ha querido interpretar como una fiel analogía con lo descrito por Platón en sus diálogos, canales que podrían ser los descritos por el filósofo o construcciones amuralladas como defensa de la ciudad; la zona además pudo haber sido rica en metales preciosos como lo demuestra el saqueo español con la Conquista de América.

Puede darse también la opción que la Atlántida y Mu fueran dos continentes diferentes, dos superpotencias, y que uno de ellos tuviera una ciudad llamada Atenas que guardaría una gran relación con la ciudad del mismo nombre en Grecia donde habrían llegado tras vivir el cataclismo que afectaría en la misma época a la Tierra y por añadidura a ambos continentes-isla –cómo hoy lo podría ser Australia-.

En la parte del temido “Triángulo de las Bermudas” encontramos lo que podría ser un vestigio cierto de lo que se ha descrito como la “muralla de Bimini” o el “camino de Bimini”, un empedrado de 100 metros de longitud que parece una calzada y que no es una construcción aparentemente natural por muchas explicaciones que se le han tratado de buscar.

Los problemas surgen, de la mano de la Ciencia, cuando se trata de localizar el momento geológico en el que descubrir tal cataclismo… Ahí las huellas no se encuentran pese a las muchas leyendas que se encuentran en todo el mundo de un suceso mundial que afectó a la Tierra allá por el 11.000 a.C. y cuyos supervivientes llegaron a diferentes puntos del mundo para iniciar lo que sería nuestra actual Humanidad.

Yonaguni, la Atlántida Japonesa

Si bien no le faltan detractores, bajo las aguas que circundan Okinawa en Japón descansan los restos de una pirámide que, se cree, podría constituir el más claro vestigio de la existencia de una antigua civilización, sumergida bajo el mar al más puro estilo de la Atlántida.

La Pirámide de Yonaguni fue descubierta casualmente por el submarinista Kihachiro Aratake, a finales de 1980. La existencia de una estructura con forma de arco y varias perforaciones en la zona superior de la misma llamaron la atención de los estudiosos de la arqueología submarina. Así, poco tiempo después, un grupo de científicos determinó que había existido modificación humana, algunos aventurando que tal vez pertenecía a la civilización Mu, que habría quedado sumergida por un gigantesco tsunami como cuenta la leyenda de la Atlántida. Observaron también en posteriores inmersiones que presentaba escalones tallados al más puro estilo de los Zigurats mesopotámicos, un paso en la investigación fundamental para una cultura, la japonesa, donde la veneración de lo ancestral está tan arraigada.

Estas construcciones, que se elevan desde una profundidad de 25 metros, ocupan la nada desdeñable superficie de 45.000 metros cuadrados y a pesar de estar datadas hace aproximadamente 5.000 años, presentan formaciones cuya creación implicaría la existencia de tecnología más avanzada de la que se presupone a su época, lo cual abre no pocas incógnitas para las mentes inquietas. Tal es el caso del geólogo marino de la Universidad de Ryukyu, el Doctor Masaaki Kimura, que ha dedicado casi veinte años al estudio de Yonaguni. Describió una red de edificios peculiares como castillos, un estadio y otros monumentos, conectados por una especie de carreteras y, lo más sorprendente, estableció ciertas conexiones con otras edificaciones que aún existían en tierra, incluso en otros puntos de Japón, como los megalitos hermanados de Nabeyama, cuya correspondencia se halla a ambos lados de la pirámide. Contó hasta 10 estructuras, que se añaden a otras 5 más halladas en la isla principal de Okinawa. Todo ello habría quedado sumergido por los frecuentes terremotos de la zona (de sobra conocidos) y algún tsunami que, si bien no haya sido registrado en la antigüedad, podría haber alcanzado los niveles del registrado en 1771 en la zona, con un total de 40 metros de altura.

La terraformación de rocas es una práctica que se da en otras partes del mundo, Gizé y Petra son ejemplos de ello, pierde por tanto peso la teoría que defiende que las estructuras se formaron de manera natural, abriéndose todo un abanico de preguntas que aún están por responder en lo referido a Yonaguni.

La Atlántida será descubierta algún día o no, quizás siga alimentando por siempre los viejos sueños del ser humano por sus míticos tesoros y los secretos que ocultaba la llamada civilización “cuna del mundo”.

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