Por: Jose Manuel García Bautista

No está en tierras del Tigris o del Eúfrates, sino bajo el sol de Andalucía y el poder del Guadalquivir. Alguien destapó un buen día esta basílica natural, con reminiscencias egipcias y de la tierra arenisca se alzó triunfadora esta cavidad, que asombra al que la admira. Déjese llevar, note el frescor de su espacio, deje volar su imaginación y piense que la lejana tierra de Jordania, por un momento, ha trasladado su joya pétrea a tierras sevillanas. No verá nabateos o edomitas, simplemente verá modernos íberos, que han conseguido convertir en realidad un sueño de otra época.

“El Atanor del Infante” es el título de la obra de Pedro Mora Piris, en la que nos cuenta como la “Torre de Don Fadrique” o “Torre Encantada” en Sevilla siendo una especie de intrincado (¿Laberinto?) o un atanor esotérico.
El Infante de Castilla Don Fadrique, nació en 1224, siendo el segundo hijo del Rey Fernando III de Castilla y Beatriz de Suabia. Personaje de notable cultura al que un día la diosa Fortuna premio con la lectura del “Sendebar” y de su lectura concibe la construcción de una torre en la ciudad que contuviera todo el saber “que l’avia de mostrar e de aprender: todas las estrellas e todas las figuras e todas las cosas”. Aquel príncipe imaginativo era Don Fadrique y la construcción de la torre debía de darle sabiduría e inmortalidad. Según Pedro Mora “La Torre de Don Fadrique ” sería algo más que una atalaya y en su interior, en su geometría, se escondería un saber oculto y simbólico. No en vano, Don Fadrique fue un viajero que compartió experiencias con su tío Federico II de Italia, al que le gustaban todos los temas relacionados con la magia y el esoterismo.

Construida hacia 1252, cuando las torres simbolizaban la elevación espiritual, era el cordón umbilical entre lo divino y lo humano, entre el cielo y la tierra. En su interior, con todo su saber oculto, sólo visible a aquellos que sabían su código, se experimentaba un cambio interior, una metamorfosis… Pedro Mora Piris dice de este atanor y de esa metamorfosis que:”era a nivel espiritual y considerada como una ascensión en la que, superado el último peldaño, se entraba en posesión de la sabiduría, la inmortalidad, el poder o las riquezas, algo a lo que no era ajeno Fadrique”. Según esto, la torre sería ese horno alquimista, en la que el propio príncipe iluminado por ese libro, construye un edificio donde utiliza la geometría, la luz y la numerología, como símbolo de la espiritualidad y en él su Templo de Sabiduría.

Dicen igualmente que el infante edificó la torre, hoy en la calle de Santa Clara (en las proximidades de San Lorenzo en Sevilla) argumentando razones defensivas. Hemos visto que también tenía un fin iniciático, hermético, esotérico, pero los románticos añaden que en realidad, era el lugar de encuentro con la joven reina, Juana de Pointhieu.

En la torre encontraremos tres niveles o clave esotéricas. La luz será un elemento clave en todo ello, que se asocia a la divinidad y esa misma luz adquiere tres niveles, hasta llegar a la parte alta de la torre, a la bóveda superior, a la cima, curiosamente en forma de octógono, con ocho lados, que representa precisamente al espíritu, en contraposición a los cuatro lados de la base, que representan lo humano, lo terrenal.

Al final de la torre esos ocho lados… en el “Sandebar” siete, sumando al propio Don Fadrique que formaría el octavo lado del último nivel y con él el número 8… El elegido, el sabio…

Fue acusado de haber ofendido el honor real, debido a sus amores ilícitos con la viuda del rey Fernando III y ,a la sazón, su propia madrastra. Don Fadrique fue condenado a muerte y ejecutado en Toledo en 1277 y doña Juana de Pointhieu enclaustrada en un convento…El desliz de Don Fadrique lo pagó con su vida, a “manos” de su hermano Alfonso X “El Sabio” dejando como ejemplo de su saber, esta joya arquitectónica, de historia oculta, que es “La Torre de Don Fadrique”. En su fachada hay esta inscripción: “Esta torre es fabrica del magnifico Fadrique, podrá llamarse la mayor alabanza del arte y del artífice: a su Beatriz madre le fue grata esta prole del rey Fernando, experimentado y amigo de las leyes. Si deseas saber la era y los años, ahora mil doscientos y noventa y dos (1252) (¿1252 o 1292?) ya existía la torre serena y amena llena de riquezas”.

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