Por: Jose Manuel García Bautista

…Y EL GRAN PODER VISITÓ MI CASA

Es una de esas historias que se dan por cierta pero que tiene un sorprendente matiz que publicamos en El Correo de Andalucía, no obstante la misma ha pasado a las leyendas más populares de Sevilla. La misma nos dice que corría 1965 y un hecho muy particular, convertido hoy en leyenda, se iba a producir en la capital teniendo como protagonista al exfutbolista del Sevilla F.C. Juan Araujo.

Era devoto del Señor del Gran Poder, y en esa época atravesaba por una situación difícil, la más dolorosa por la que un padre puede atravesar: la enfermedad de su hijo. Los que somos padres sabemos el dolor en el alma que ello provoca, indescriptible, inhumano, preferimos mil veces esa dolencia para nosotros mismos que para nuestros hijos. Pero el destino no lo rige nadie.

El hombre pedía, día y noche, al Señor de Sevilla, por la sanación de su hijo, pero esta no llegaba y quiso la mala fortuna que Dios lo llamara junto a él, falleciendo. La reacción de Juan fue la de renegar de la fe y devoción que guardaba a aquel Cristo al que tanto había pedido por la salud de su hijo. Prometió firmemente no volver a pisar la basílica y que cuando lo vieran cerca de Él sería porque el Gran Poder habría ido a su casa a verlo a él.

Nunca se puede desear algo con fuerza u odiar de tal manera que se convierta en olvido. Siempre queda un pozo en un rincón del alma que te recuerda los motivos, como un remordimiento eterno… Así, se realizaban en Sevilla las llamadas Misiones Populares en las cuales, determinadas imágenes hacían un recorrido a barrios más allá del recorrido que hacían en Semana Santa o los vía crucis. Ese año al Gran Poder le correspondió visitar Nervión, justo donde Juan había instalado un taller con el que se ganaba la vida. Pero el azar, o las leyes de Dios, son difíciles, y el día que estaba procesionando comenzó a llover teniendo que buscar un rápido cobijo donde proteger la imagen. La iglesia más cercana estaba cerrada y lo más parecido donde resguardar al Cristo era una nave cercana. Llamaron a la puerta, Juan preguntó: «¿Quién es?», y una voz respondió al otro lado «El Gran Poder», presto se apresuró a abrir y ante él se encontró al Señor de Sevilla, pidiendo entrar en su casa. Juan cayó de rodillas ante la prodigiosa imagen arrepintiéndose de su acción y por haber dejado la fe.

Sin embargo el matiz que apuntaba al principio es bien diferente pues aquel niño se llamaba Jesús, el menor de los cinco hijos del futbolista. Pero no murió ni el Gran Poder visitó su casa. Su protagonista –Jesús Araujo- recuerda: «Yo tenía siete años e iba con mi padre a todos sitios. Como el Señor pasaba por Nervión, fuimos hasta la Puerta de Carmona y desde ahí lo acompañábamos hasta el barrio», comenzó a llover cuando el Señor estaba a la altura de San Juan de Dios y como la cruz no entraba en la capilla, Araujo ofreció su garaje. Pero el Gran Poder no cabía por su altura y siguió, allí. En el taller si se quedó la Virgen del Mayor Dolor, siendo a la mañana siguiente cuando ambas imágenes siguieron hacia la Candelaria. Así fue como el compañero Antonio Delgado-Roig descubrió que la leyenda contenía el germen de la verdad aunque en sí no fuera cierta.

Se me saltan las lágrimas cuando escribo esa historia, yo, como Juan Araujo, tengo vínculos eternos con el Gran Poder. Allí descansa mi madre, eternamente junto a Él.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin autorización expresa del autor bajo penas según dispone la Ley vigente.

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