Por: Jose Manuel García Bautista

LA SECTA DE LOS ALUMBRADOS EN SEVILLA

Corría el año 1626 y en Sevilla actuaba con dureza la Inquisición con su injusta vara de medir… Así el 28 de Febrero de ese año se juzgaba y condenada a la beata Catalina de Jesús por “santidad fingida” y divulgar ideas y supercherías contra el matrimonio y la vida monástica. Se la castigó a seis años en un convento así como a llevar insignias de penitencia.

La Inquisición juzgó, igualmente, al presbítero Juan de Villalpando, éste tenía la idea que el Sacramento de la Penitencia era para que las personas que confesaban con él no pecasen y debían permanecer en sus casas en un estado de casi reclusión… Era la religiosidad entendida en el extremo…

Surge la secta de los Alumbrados con una idea muy particular: el Sacramento del Matrimonio era una especie de aberración e, igualmente, rechazaban la vida monástica. Promovían el Estado de Perfección ni ordenanzas canónicas.

En 1627, cuenta Ortiz de Zúñiga, en sus Anales, que: “Avíase descubierto por estos tiempos en Sevilla una oculta semilla de engaño, de tal modo arraigada, que pudo brotar especies de herejía más perniciosa: era esta de alumbrados, hombres y mujeres, que con capa de virtud ejercían muchos vicios, de que los sujetos principales fueron el maestro Juan de Villalpando, sacerdote, natural de Garachico, en la isla de Tenerife, y Catalina de Jesús, beata carmelita… A estos y otros muchos compañeros y discípulos prendió el santo Tribunal de la Inquisición, y fueron penitenciados en auto particular”.

Otro hecho vino a señalar a la secta de los Alumbrados pues el papa Inocencia XI, en 1687, condena la herejía del clérigo español, Molinos, “pretendiendo encubrir groseramente los excesos de la sensualidad con una devoción hipócrita, y una mística sublime en la apariencia, y lasciva en la esencia”.

Para muchos las ideas de los Alumbrados representaba la resurrección del priscilianismo.

Copyright © Jose Manuel García Bautista 

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